
La actualidad política extremeña está sabrosa. Ni siquiera la cojitranca tramitación de los presupuestos de María Guardiola suscita tanto interés como el caso del David Sánchez. Aunque diga Miguel Ángel Gallardo que no habría caso si en vez de llamarse David Sánchez se llamara Juan Pérez. Juan Pérez me recuerda a Juan Nadie. A Gary Cooper. Desde allá por el blanco y negro yo he sido muy de Gary Cooper; ahora, metido en colores, se me ha desteñido un poco; tenía cara de palo; casi tanta como Buster Keaton (solo casi). Ay… Gary Cooper que estás en los cielos. Ay… Miguel Ángel Gallardo que has bajado a los infiernos. Solo ante el peligro. Como Cooper. ¡Qué joven murió Cooper! Yo, a estas alturas, no sé si Gallardo cuenta o no cuenta con el respaldo de su secretario general o está solo ante el peligro. Tal para cual. Ni Sánchez ni Gallardo se andan por las ramas cuando se trata de cortar cabezas. Que se lo digan a Juan Lobato. Quizá si Juan Lobato se llamara Juan Pérez no se la hubieran cortado. Más grave es traer a colación a Juan Pérez. La trapacería es casi mayor (sin casi). Viene a decir que si en Diputación te contratan a dedo, previa creación de una plaza de la que nadie tiene conocimiento de su necesidad, pero te llamas Juan Pérez, no pasa nada. ¡Tiene tela! Ya lo dijo Vara delante de Ábalos: la plaza no se ha creado para el interfecto sino que el interfecto la ha conseguido. Y Ábalos, mientras tanto, sonreía como el copiloto de Pierre Nodoyuna (quizá entendiera “se la han conseguido”) ¿Cuántos Juan Pérez hay en Diputación? ¿De cuántos casos estamos hablando? Según ha declarado el alcalde de Mérida, Antonio Rodríguez Osuna, la contratación que ahora se investiga es una más entre las miles que se hacen a diario. Tal cual. A bocajarro. Tantas no serán. ¿O se referirá al Ayuntamiento de Mérida? ¿Se acuerdan de aquellas grabaciones en las que hablaba de colocar a los compañeros? Es lo propio, colocar a los compañeros del partido. Y a los parientes. Y más si son parientes del por entonces nuevo mandamás del PSOE, Pedro Sánchez. ¿David Sánchez? ¿David Azagra? Con lo fácil que hubiera sido -siguiendo el flamante método Gallardo- cambiarse el nombre a Juan Pérez. Llámese como se llame, con o sin partituras de nacimiento, el hermanísimo es un tipo discreto. Nombre de falsete, ausencias prolongadas, domicilios cambiantes… y, sin embargo, alguien le señala. Las cosas de palacio, ya se sabe que en palacio todo se sabe. Y alguien le denuncia… “El que denuncie no va a entrar en su p… vida a trabajar en el Ayuntamiento”. Osuna dixit. Aun así alguno se atrevió. Ya son cinco meses yendo y viniendo al Juzgado de Instrucción número tres de Badajoz. Que si un registro… Que si unos papeles… Que si un despacho a la carrera… Que si cuarto y mitad de ópera… El PP acaba de personarse en la causa cinco meses después. ¡Cinco meses en la inopia! Mientras, en la otra banda, en el PSOE, algunos le estarán calibrando a Gallardo la resistencia al potro del tormento judicial… ¿Qué pensará Rafael Lemus de este embrollo? ¡Lástima no saberlo! En todo caso, a Gallardo se le está quedando cara de palo como a Cooper en Solo ante el Peligro. Pero que no cunda el pánico, tranquilos todos, que ya se sabe que en la Diputación de Badajoz, si te llamas Juan Pérez, no hay caso. Gallardo dixit.

El concierto de los necios de esas mal sonantes notas es el vivido en Sevilla. Bajo una batuta afinada se atisbaba un Clarín de Vara acompasado, orquestado, afinado para la muchedumbre, para los pobres, para los obreros, para los Extremeños , quienes impávidos tragaran, puño en alza, al unísono ,una oda , una dana Sanchista, por bulos o bulería. Si mi abuela levantara la cabeza acabaría con la música en otra parte. Que pena lo que hay que escuchar por no ver Una, Grande y Libre.