
Por extraños vericuetos del destino llegó a mis manos una carta de Miguel de Unamuno fechada en diciembre de 1936. Casi Navidad. Más Navidad que nunca en los páramos de España. Una de sus últimas cartas, si no la última. Cada vez que vuelvo a ella, más que la guerra civil de la que trata, me asalta la idea de la inmediata muerte de su escribidor. Don Miguel murió el 31 de diciembre de 1936 como si no quisiera hollar 1937. O como si no quisiera que 1937 le hollase a él… No fue 1936 su mejor año. O sí. Dado su carácter, quizá lo acontecido aquel 12 de octubre, más que abatir su ánimo, fuera para él, al menos en su fuero interno, motivo de celebración, ocasión para cincelar en piedra su memoria de apóstol. Un tanto así era el maestro. Todos tenemos nuestras rarezas. Mas en eso llegó el día 31 y se murió. Perdonen la simpleza, pero hasta el rabo todo es toro. No era aficionado Don Miguel, pero ahí queda la moraleja. Así que aún no sé si 2023 fue bueno a medias o será malo del todo. Al menos, no hasta que doble ese Cabo de Hornos que nos espera cada 31 de diciembre a medianoche. Luego, Dios dirá. No sé si nacen niños en Extremadura. Al menos uno, un niño al menos, ha de nacer antes de que acabe el año. Uno por cada uno de los que nos faltan. No sé ustedes, yo no borro del teléfono los números de los amigos muertos; eso sí, anoto por delante RIP en previsión de que algún día pudiera fallarme la memoria. Este año, como ya viene siendo habitual, me salen más de cuatro funerales por boda. En verdad, muchos más. Es la letanía del tiempo, el inmisericorde balance del año. Al menos el mío. ¿Lo demás? Lo demás se os dará por añadidura… Tanto calentarse el caletre y se murió, se murió Don Miguel. Ni siendo Don Miguel pudo escapar. Ni los hunos ni los hotros, solo quedó el verbo, su verbo encendido. Así que no dejen de hablar. No dejen tampoco de cantar villancicos que es buena manera de hablar. Y si les queda memoria en el sistema recuerden cómo y con quién han llegado hasta aquí, y celebren que, a poco que aguanten, llegarán vivos a 2024. ¡Quiera Dios que allí nos veamos todos! ¡Quiéralo!

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