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A LA INTEMPERIE

A LA INTEMPERIE

A LA INTEMPERIE

PRENSA

30/10/2023 por Fernando Valbuena

Prensa. La prensa. La de fuera y la de aquí. La que se escribe cuesta arriba. La que piensa en colores y escribe lo que piensa negro sobre blanco. Le tengo querencia a la prensa. Le tengo querencia a resucitar por las mañanas: café, lo que se tercie y papel. La prensa resucita cada mañana en carne y hueso de papel. Y trae en sus páginas la magia de una primavera, luminosa y tibia, cada veinticuatro horas.

Sin embargo, doy por hecho que, tanto ustedes como yo, despreciamos el periódico de ayer cuando alguien nos lo ofrece. «Es el de ayer», se oye decir a modo de disculpa lastimera. Cada mañana nos burlamos de las letras ajadas de ayer. El periódico de ayer pide hoy, a voces, puntilla. Rara vez hay ocasión para el indulto en esta plaza. A lo sumo, el papel del que está hecho sirve para envolver bocadillos de tortilla francesa o a la mula del nacimiento. Quizá para encender la leña en la chimenea o para dormir el invierno en la cueva oscura de los zapatos de verano. Salvo para estos usos, más bien de cuando Fernando VII usaba paletó, para poco o nada sirve. Se nos murió el periódico de ayer, bien muerto está…

O no. A veces vuelven. A veces los muertos gozan, para sorpresa de los vivos, de buena salud. Al menos en las hemerotecas. Y el camino, de repente, se nos vuelve ancho, tan ancho que tiene por anchura la anchura toda de la llanura. Lo vivido todo… A veces, de repente, pasa que vuelven y es como si volvieran para decirnos: «yo, que he vivido a tu lado, lo recuerdo».

Sucede ahora que este diario ha publicado una obra encantadora: la historia de los últimos cien años en las páginas de El Periódico Extremadura. El Periódico. El Extremadura. El periódico. Extremadura… Un libro evocador. Evocar, que es recordar lo conocido. Lo vivido. Aunque se nos hubiera traspapelado entre meninges…

Y le doy vueltas a tan meritorio esfuerzo y a la moraleja que contiene. La prensa no es exactamente lo que ocurre, pero, sin duda, pasado el tiempo, es lo que más se parece a lo ocurrido. Especialmente si se trata de la prensa local, la que más acorta la distancia entre la vida y el papel, entre lo vivido y lo escrito… Y me alcanza cierta emoción, la de la prensa. La gente de la prensa: los periodistas y el resto, un resto que es legión. En su voluntad de hacer rentable la libertad. Quizá todo se resuma en eso y en esto: oficio y pasión. La gente de la prensa en la trinchera angosta y húmeda de su vivir urgente. Trinchera que, bien mirada, se me antoja faro enhiesto frente al mar embravecido (angosto y húmedo). Cáceres no tiene mar, pero tiene, como los mares, olas. Olas que van a morir a la calle Doctor Marañón, que, tras sus tornos, es redacción, trinchera y faro.

«El Periódico Extremadura: testigo de un siglo», así se titula la obra que acaban de presentar los historiadores Alfonso Pinilla, Elena de la Gala, Juan Sánchez y José Antonio Rubio. Testigo y, añado yo, testimonio. A diario, cada mañana. Día tras día en un mar de incertidumbres. Un testimonio siempre a la espera de quien quiera rescatarlo. La vida, retazos de la vida de cada uno de nosotros, la vida de todos en las páginas de los periódicos de ayer. Somos lo que de nosotros queda en sus páginas…

A veces, por Navidad, al desenvolver la mula, en un instante ciego, rendido y melancólico, vuelves a leer las letras que una mañana cualquiera resucitaron contigo y que, no se sabe muy bien el porqué, siguen vivas, como sigues vivo tú mismo en ellas.

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