{"id":914,"date":"2022-08-26T19:08:49","date_gmt":"2022-08-26T19:08:49","guid":{"rendered":"http:\/\/www.valbuena.es\/?p=914"},"modified":"2022-10-15T07:12:30","modified_gmt":"2022-10-15T07:12:30","slug":"el-hispano-azul","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.valbuena.es\/?p=914","title":{"rendered":"EL HISPANO AZUL"},"content":{"rendered":"\n<p><\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-full is-resized\"><img loading=\"lazy\" src=\"http:\/\/www.valbuena.es\/wp-content\/uploads\/2022\/08\/Hispano-2.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-915\" width=\"1060\" height=\"754\" srcset=\"https:\/\/www.valbuena.es\/wp-content\/uploads\/2022\/08\/Hispano-2.png 690w, https:\/\/www.valbuena.es\/wp-content\/uploads\/2022\/08\/Hispano-2-300x214.png 300w\" sizes=\"(max-width: 1060px) 100vw, 1060px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>La humedad, al amparo del odio, se le hab\u00eda mudado a los ojos. Estaba a\u00fan estremecida, casi vencida, pero no por eso dejaba de rumiar la m\u00e1s terca voluntad de revancha. En guardia los dientes, a dentelladas, bell\u00edsimos, bell\u00edsima ella tambi\u00e9n. Inmensa la pamela, perdida la mirada. Acerados los perfiles del rostro. Las cuatro y cuarto\u2026, y nada. La \u00faltima de la temporada. Los se\u00f1oritos, las mantillas\u2026 Los topolino de tac\u00f3n corrido hundi\u00e9ndose con placer, una y otra vez, en las alfombras\u2026 y ella all\u00ed, m\u00e1s hembra que nunca, abandonada de s\u00ed misma. Ella, la que le dobl\u00f3 la voluntad al mejor de los toreros, all\u00ed, sentada, desesperada, como al final de una mala mano, trag\u00e1ndose su mala suerte.<\/p>\n\n\n\n<p>La puerta giratoria vomit\u00f3 dos caballeros de habano y sombrero de ala ancha; se acercaron al mostrador de recepci\u00f3n y preguntaron por dos entradas a su nombre. Tres muchachos de tafilete y guasa bromeaban en un rinc\u00f3n. Uno de los camareros le pregunt\u00f3 si deseaba tomar algo; ella le despach\u00f3 con un gesto forzado y desabrido a partes iguales. M\u00e1s all\u00e1, dos picadores, las monas tiesas, el castore\u00f1o en ristre. Un banderillero, azabache y grana, fumaba por matar el aguardo. Las gentes, excitadas, acechaban. Calor. Ella ya solo anhelaba venganza.<\/p>\n\n\n\n<p>Una nubecilla de jovencitas alborotadas aguardaba al m\u00e1s joven de los matadores. Cuando apareci\u00f3 aletearon a su paso. Sus madres, a unos pocos metros, les re\u00edan la torpeza. Ten\u00eda el ni\u00f1o torero la misma edad que la miel que se le rend\u00eda, la sonrisa franca y cierta angustia en el semblante\u2026 Al verla tuvo miedo del mal fario. Ella le abri\u00f3 los ojos como quien abre las fauces, y le not\u00f3 la jindama. Una mueca le asom\u00f3 en los labios. Demasiado joven, pens\u00f3\u2026 quiz\u00e1 diez a\u00f1os antes. Y se le escap\u00f3 el pensamiento sin brida a los d\u00edas del barrio. A la sordidez de su infancia. A la miseria del puerto. Al olor a vino y a humedad de aquel tercero. Al aire que le faltaba en el cuartucho. A una academia de canto y a un mal paso. Al primero de muchos. Luego todo fue rodar hasta que en Chicote se le cruz\u00f3 un torero. Y crey\u00f3 que su suerte hab\u00eda cambiado. Y perdi\u00f3 el miedo a los malos pasos. Y se quem\u00f3 en la hoguera de su propia ambici\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Se abri\u00f3 el ascensor. Apareci\u00f3 el que abr\u00eda plaza, el m\u00e1s viejo de la terna. Los contratos menguados y el pelo cano. Viejo sin remedio. Al menos as\u00ed se sent\u00eda. Le pesaba la tarde. Baj\u00f3 los ojos, la alfombra que tantas veces hab\u00eda pisado, el hotel entero, se le antoj\u00f3 un lugar inh\u00f3spito. Por un momento pens\u00f3 que tal vez fuera la \u00faltima. Al pasar junto a ella la mir\u00f3 con una cascada de desprecio en la mirada. Ella, la que le bebi\u00f3 la sangre de mala manera, la que le abandon\u00f3 a principios de temporada. Diez a\u00f1os de aquella pasi\u00f3n violenta y a\u00fan estaba all\u00ed para recordarle lo que hab\u00eda sido y ya no era. Ella, esta vez s\u00ed, como pidiendo piedad, hizo por saludarle. El torero, abiertas las heridas, le despach\u00f3 un gesto de desprecio antes de volverle la espalda y salir, puertas giratorias adelante, al contraluz, con la cuadrilla y la pena a cuestas.<\/p>\n\n\n\n<p>En ese mismo momento entr\u00f3 un hombre alto, fuerte; el traje algo ajado, el pa\u00f1uelo blanco asomando levemente en el bolsillo de la chaqueta, el sombrero de fieltro negro, negra la corbata que le colgaba. Catafalco y luto. De un vistazo la busc\u00f3 y la encontr\u00f3. Por un momento dud\u00f3. Un paso al frente. Se detuvo. Otra vez la duda, otra vez un paso al frente. Se tent\u00f3, bajo la chaqueta, la muerte del nueve largo. Fue entonces cuando ella repar\u00f3 en \u00e9l. Cruzaron las miradas y a los dos se les hel\u00f3 el alma.<\/p>\n\n\n\n<p>Ella se record\u00f3 en el Hispano azul haciendo el amor. Las ropas destartaladas, las medias rotas. El calor del plomo fundido, la carne sudada y los trigales dorados por San Juan. El pelo vuelto como una ola sobre la frente y aquellas manos enormes apret\u00e1ndola contra \u00e9l, como cuando se sujeta el estoque. Dentro y fuera, hasta que la muerte nos sea dulce. Y al recordarlo tembl\u00f3, tuvo fr\u00edo, acarici\u00f3 la piel del abrigo que, echado sobre sus hombros, la cubr\u00eda. Y llor\u00f3 por primera y \u00fanica vez.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cPor favor, acomp\u00e1\u00f1eme\u201d, le dijo el tipo del sombrero de fieltro negro. Ella, como quien oye una sentencia, se puso en pie, asegur\u00f3 el abrigo sobre los hombros desnudos y se entreg\u00f3 a su destino. Y de la desdicha hizo un capote de paseo. El \u00faltimo. El botones la despidi\u00f3 con la misma pompa con que un archiduque hubiera despedido a Mar\u00eda Antonieta camino de la guillotina.<\/p>\n\n\n\n<p>El mozo de espadas se asegur\u00f3 de ver partir el auto antes de volver a por su torero. Entonces s\u00ed. Entonces sali\u00f3 el que faltaba. Grana y oro sali\u00f3 de su escondite, en majestad, ante el revuelo de los aficionados que le tend\u00edan la mano al paso. Mec\u00e1nicamente fue respondiendo a los parabienes. Hoy era su tarde. Estaba en la gloria del toreo. Fuera le esperaba un Hispano de color azul. Camino de la plaza no pudo quit\u00e1rsela del pensamiento. Y la record\u00f3 all\u00ed, abierta, partida en dos, seductora, lujuriosa, venenosa&#8230; Juntos, all\u00ed, en el Hispano. Y su mano enorme acarici\u00f3 la piel de los asientos. \u201c\u00a1Estamos o no estamos, co\u00f1o!\u201d, le espet\u00f3 con furia su apoderado\u2026 pero ni por esas pudo quitarse de la cabeza lo que ella le acababa de escribir en el espejo del ba\u00f1o. Todo el calor que en el mundo ha sido se le meti\u00f3 en las venas. \u201c\u00a1Ojal\u00e1 te mate un toro!\u201d escrito con carm\u00edn. Para los restos. Ella, que tanto le minti\u00f3. Ella, que le birl\u00f3 la esperanza de ser un hombre honrado. Inclin\u00f3 la cabeza y quiso o\u00edr los disparos. \u201c\u00a1Ojal\u00e1 te mate un toro!\u201d, escrito a fuego y plomo.<\/p>\n\n\n\n<p>Dos d\u00edas despu\u00e9s encontraron el cad\u00e1ver de una joven, bella, bien vestida, mu\u00f1equita linda, con tres tiros tres en la barriga, desangrada al pie de los trigales en sementera. Calor y bichos. Mucho calor para ser oto\u00f1o. El juez dio por terminado el tr\u00e1mite y se despidi\u00f3 del tipo del sombrero de fieltro negro. Nadie reclam\u00f3 nunca el cad\u00e1ver.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Nadie reclam\u00f3 nunca el cad\u00e1ver&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":915,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_genesis_hide_title":false,"_genesis_hide_breadcrumbs":false,"_genesis_hide_singular_image":false,"_genesis_hide_footer_widgets":false,"_genesis_custom_body_class":"","_genesis_custom_post_class":"","_genesis_layout":""},"categories":[4],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.valbuena.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/914"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.valbuena.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.valbuena.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.valbuena.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.valbuena.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=914"}],"version-history":[{"count":8,"href":"https:\/\/www.valbuena.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/914\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1085,"href":"https:\/\/www.valbuena.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/914\/revisions\/1085"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.valbuena.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/915"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.valbuena.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=914"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.valbuena.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=914"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.valbuena.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=914"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}