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A LA INTEMPERIE

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A LA INTEMPERIE

A LA PUERTA DE CASA QUIROGA

26/07/2024 por Fernando Valbuena

Aquí, a la puerta de Casa Quiroga, se oyen los cencerros de las vacas que pasan camino de sus pastos. Por delante, el pastor; tras ellas, el perro. Las veo pasar, una detrás de otra, mientras desayuno, aquí, a la puerta de Casa Quiroga, café y tostadas con aceite. Miro, no, no es aceite extremeño, pero como si lo fuera… Pan de hogaza recién tostado y aceite. Ayer cené de maravilla: una ensalada con verde de aquí y un filete de ternera con aires de entrecote. Cenar bajo las estrellas en verano se parece mucho a la felicidad… y dormir bajo dos mantas en julio es la antesala del gozo eterno.

Al alba me han despertado los cencerros de las vacas. Las contraventanas, un visillo y, al fondo, los verdes prados de estas tierras. Y la soledad. Creo que en estas cuatro casas viven más vacas que personas. Y más perros; entre todos uno, Lucas, grande y noble, que acaricia cuando mira. ¿Por qué Lucas está triste?

Aquí, a la puerta de Casa Quiroga, mientras desayuno, pasan también peregrinos de toda condición. No sé si peregrinos o caminantes sin más. Algunos pasan de largo, los más paran a tomar un refrigerio. Anoche un francés descalzo se empeñó en tomar una copa de pacharán, no le gustó y acabó pidiendo ginebra con tónica. No parecía especialmente preocupado por la trascendencia espiritual del camino… al menos eso pensaba yo mientras subía las últimas rampas del filetazo.

Aquí, a poco más de cien kilómetros de Santiago, el mar no se oye, se oyen los cencerros y los motores de la maquinaria agrícola. Pasa una mujer cargada de grelos y, tras ella, tres mujeres de rasgos orientales, casi sin mirarse, casi sin tentación de parar y tomar algo. Más extranjeros que españoles. Muchos franceses. Una pareja con dos niños; el más pequeño, una niña de no más de seis años; el padre lleva un patinete en su mochila. Peregrinos en patinete… ¡ay si los viera Don Gaiferos! Los extranjeros, en general, no dan voces (eso no va por el del pacharán). Algunos hablan en inglés… Estoy por pedirme otro par de tostadas, es grato ver pasar a los caminantes, cada uno con su canción, solos o en colleras, con mochilas desmesuradas o sin ellas… ¡Buen camino! ¡Ultreia! Una pareja de jóvenes alemanas se quita algo de ropa y prosiguen marciales. Un tipo en bici se confunde en el cruce… En el camino cada paso, en especial cada mal paso, tiene su moraleja.

La primera vez que hice el camino fue con Marco. A Marco le debió costar lo suyo subir de San Juan Pie de Puerto a Roncesvalles. A mí, que no iba andando sino en auto, no tanto. No cenamos como ahora he cenado aquí, en Triacastela. He cenado magníficamente, pero Marco ya no está, que se murió. Marco ya no cena, ni ensaladas ni filetes, Marco ha dejado de caminar y, sin embargo, me acompaña. No sé por qué camina toda esta gente, quizá no les mueva la fe, ni siquiera la que se queda en historietas y leyendas. Probablemente no, pero recuerdo que, al llegar a Santiago, años después de pasar por Roncesvalles, Marco abrazó trémulo al apóstol. Estaba ya enfermo. Me gustaría que su fe y su recuerdo me empujaran a caminar. Quizá el más allá esté dentro… En eso pienso mientras oigo bajar de los prados el tañido de los cencerros que suenan dentro de mí con la retórica augusta de fe y esperanza con que suenan las campanas del Obradoiro.

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Comments

  1. Inmaculada Sánchez says

    24/08/2024 at 08:23

    Quizás el más allá esté dentro. Siento que Marco sigue acompañándonos. Gracias amigo Valbuena

    Responder
    • Fernando ValbuenaFernando Valbuena says

      24/08/2024 at 08:42

      Sin duda!!

      Responder

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