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A LA INTEMPERIE

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HERMANÍSIMO

31/05/2024 por Fernando Valbuena

Ser hermano del mandamás tiene ventajas, pero también inconvenientes. Franco tuvo hermanísimo y hasta cuñadísimo. No parece descabellado pensar que para puestos de confianza conviene contar con los más cercanos. Aunque alguno te salga rana… Juan Guerra le salió rana su hermano. Aquello tuvo su guasa. El peligro de cornada siempre está ahí. Quizá por eso tampoco esté mal pensado lo contrario: alejar a la familia cuanto se pueda. Dicho lo cual reconozco que es duro vivir en Moncloa rodeado de setecientos asesores y ver pasar hambre a tu hermano. Creo. No es que yo haya vivido en Moncloa ni que tenga hermano -no a las dos-, pero por lo que barrunto, barrunto que tiene ser duro o, al menos, durillo. Y quien dice hambre, dice necesidad. O apuros. O afán frustrado de medio dedicarse a lo que tu hermano tenga por anhelo, que de ilusiones también viven los hermanos. Yo quise ser torero. En realidad, ahora más que de joven, pero no me veo con apoyos. En un ejercicio de sinceridad extrema diré que lo que me faltan son facultades. Me faltaban de joven y de viejo las doy por huidas en desbandada. Pero si tuviera un hermano en Moncloa lo mismo me organizan una ópera o una becerrada en un pueblo allá en la muy lejana Extremadura. Ciento treinta mil euros lo mismo dan para una ópera que para veinte becerradas. Yo soy más de becerradas, pero nadie está libre de ser melómano. No lo digo con sorna, ni siquiera apunto un doble sentido. Cela, que quiso ser torero, se quedó en premio nobel. Lo dijo el propio Cela. Dos pasiones en una. Ambas dos. Cáceres y Badajoz. O Badajoz y Elvas. Tan cerca y tan lejos. Es la cara amarga de ser el hermanísimo: siempre hay alguien dispuesto a husmearte los calzones. Ya se sabe que, antes o después, a todos nos conviene lavar los trapos sucios. A ser posible, en casa (o en palacio). En Badajoz y también en Elvas. ¿Quién no tiene ropa sucia? De niño, por cierta desidia intelectual, desconocía que las mujeres tuvieran que lavar su ropa interior. Con el paso de los años lo que empezó siendo una sospecha terrible acabó en certeza moliente. Y en este punto me amarro al palo mayor, hago de tripas corazón, y me niego a tomar por nombre Begoña, aunque las certezas corran a la par que las sospechas. Vuelvo al comodín… Dicen que a Doña Carmen le bastaba señalar una pieza en la joyería para que el joyero tuviera la gentileza de regalársela. Perlas, entonces se llevaban las perlas. Ahora nadie mata ni por un collar de perlas ni por un abrigo de visón. En todo caso por una ópera o dos. ¡Qué bien me viene siempre ese latinajo que dice mutatis mutandis! Pues eso, mutatis mutandis, el mundo sigue girando. Lo de señalar con el dedo me lo contó Guillermo Fernández Vara. Espero que al susodicho no le moleste que lo recuente. Me dijo Guillermo que descubrió lo que significaba el poder cuando tras alabar un cuadro en una exposición el tal cuadro apareció en su casa pocos días después. Quizá Gallardo quisiera también agradar. Agradar para trepar en la nomenklatura. Que no digo yo que Gallardo sea un trepa… O sí. Que trepar, trepa (que ya es secretario general). Digo que tal vez fue el deseo de serle útil al tipo del que depende su cargo (y su sueldo a final de mes).

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Comments

  1. Rafael Sánchez Mera. says

    01/06/2024 at 08:11

    Fina ironía, Fernando,

    Un abrazo,

    Responder
  2. Juan Manuel says

    01/06/2024 at 17:55

    Buena crónica

    Responder
  3. Manuel says

    02/06/2024 at 06:53

    Amén!

    Responder

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